Los ácaros del polvo doméstico (Dermatophagoides) son organismos microscópicos que pertenecen a la familia de los arácnidos, lo que significa que están emparentados con las arañas y las garrapatas.
- Tamaño invisible: Miden entre 0.2 y 0.5 milímetros, por lo que son completamente invisibles al ojo humano.
- Alimentación: No muerden ni pican. Se alimentan exclusivamente de las escamas de piel muerta que los humanos y las mascotas desprenden diariamente (descamación celular).
- Hábitat ideal: Prosperan en ambientes oscuros, cálidos (entre 20 °C y 25 °C) y con una humedad relativa alta (superior al 70%).
El verdadero enemigo: ¿Por qué causan alergia?
Existe la falsa creencia de que el ácaro en sí es el que muerde o causa el daño. En realidad, el verdadero causante de las alergias son sus partículas fecales y sus restos microscópicos al morir.
Estas partículas contienen proteínas altamente alergénicas. Cuando limpiamos, caminamos sobre una alfombra o nos acostamos en la cama, estas sustancias ligeras flotan en el aire, entran en contacto con nuestras mucosas o son inhaladas, desencadenando una respuesta exagerada de nuestro sistema inmunológico.
Síntomas comunes de la sensibilidad a los ácaros
La exposición continua a estos organismos suele manifestarse a través de tres vías principales:
- Rinitis alérgica: Estornudos en salva (varios seguidos), picazón en la nariz, goteo nasal constante y congestión severa, usualmente peor al despertar.
- Problemas respiratorios y Asma: Tos seca, sibilancias (silbidos en el pecho) y dificultad para respirar al estar en ambientes cargados.
- Conjuntivitis y problemas cutáneos: Ojos rojos, llorosos y con picazón. En la piel, pueden empeorar drásticamente los brotes de dermatitis atópica.
